
Por supuesto, nunca un ámbito laboral nos parecerá completo. Siempre existirá una sensación (o firme convicción) de que por lo general siempre necesitamos muchas cosas para desplegar el genio escondido que todos llevamos dentro. A medida que pasa el tiempo (años) y el entretenimiento de la electrónica se transforma en sustento y/o medio de vida, comenzamos a ver la organización laboral de otra manera (con mayor previsión y orden), pero al momento de comenzar, nuestro caos debe ser bien “aconsejado” para no perder 3 valiosas semanas buscando una pinza que resultó olvidada dentro del ordenador en el que estamos leyendo esta nota. Por lo tanto, uno de los elementos principales que debemos tener antes de decidir la estructura y los elementos necesarios para nuestro taller es el concepto de orden, prolijidad y organización. Es decir, no servirá de nada gastar montañas de billetes en infraestructura si no somos capaces de limpiar, al menos, el teclado de nuestro ordenador.
Esas son herramientas que no se compran en ningún lugar. O se nace con esas convicciones o se aprenden gracias a los buenos consejos y, en el peor de los casos, avergonzándonos ante el reproche de nuestros amigos, nuestros seres queridos e inclusive al aprender una dura lección luego de arruinar elementos caros por nuestra impericia y falta de orden, prolijidad y organización. ¿O acaso no es más agradable dormir en una cama ordenada y no sobre un montón de andrajos sucios? ¿Te agrada comer entre las moscas? ¿Tu novia te ha dejado porque hueles mal? Por lo tanto, si todas las cosas anteriores son importantes, el mismo orden, prolijidad y organización debes tener en tu espacio de trabajo creativo para favorecer un ambiente “donde te guste estar, donde sea agradable pasar el rato”. ¿Qué necesitamos en este mundo donde nos abstraeremos de la realidad, de que el mundo gira y si es de noche o de día? Comencemos por las cosas fundamentales